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martes, 13 de julio de 2010

Circo

Como no me sale escribir en las alegrías voy a escribir, por fin, una pena. Y una pena además relacionada con el éxito, o con la estética del éxito.
Estuve en Madrid recibiendo a los campeones del mundo. Me hacía ilusión ver pasar frente a mi esa copa que tantas veces (Maradona, Pelé, Beckenbauer, Zidane) había visto en manos tan ilustres por la televisión, una copa que hasta ayer era para mi algo irreal, ajeno, meramente televisivo.
La espera en Cibeles, a pesar del calor, de las vuvuzelas, del retraso y la cantidad de gente no estuvo mal. Se palpaba alrededor, cierta emoción contenida por verlos aparecer, doblar por la calle Alcalá. El acontecimiento ya digo tenía algo de histórico, algo para recordar y sacar el móvil para sacarle una foto. El autobús descapotable con ellos encima pasó en un santiamén. Recuerdo a Capdevilla como de carnaval, a Xavi con la copa saludándonos muy contento, a Cesc sentado tirando un beso a una chica detrás mio que lucía un magnífico escote, a Piqué en pie, como una estatua magnífica, de enormes ojos y agarrado a la barandilla con ambas manos, muy tieso, y ya está. Pasó sin más.
Me encontraba un poco cansado del gentío y me fui a casa a ver la celebración final por la tele. Hubiera sido bonito, habiendo sido seguramente lo más grande que le ha sucedido a este pais en mucho tiempo, haber hecho una celebración final no dirigida por un payaso televisivo como el Latre ese, por ejemplo. Para una ocasión así yo imaginaba (iluso, romántico de mi) que llevarían a la tribuna a recibirlos a Di Estéfano, a Raúl, a Aznar y a Felipe, a Joaquín Sabina, Rafa Nadal, Zubizarreta, Matías Prats, Almodóvar, Luis Suárez, Guardiola y hasta Eduard Punset, cojones, qué se yo. La flor y nata de un pais puesto en pie, reunido por un acontecimiento como este. En vez de eso la celebración consistió en un circo aderezado por David Bisbal dando sus giros y sus berridos con los futbolistas haciéndoles los coros. Y una cosa algo más entrañable por lo senil, completamente casposa, con Manolo Escobar después. Luego a hacer el indio todos, sin muchas ganas, el trenecito y cosas así. Una invocación a ese ciudadano medio atontado, fiestero y adolescente que la tele y otros poderes quieren hacer de nosotros. Una incitación a la cocaína. Piqué, Puyol, y otros hombres jóvenes que andaban por allí, austeros y alegres como su pueblo, debían estar pensando ya, cuando llegaban a la explanada y veían el percal, que iba siendo hora de volver a Cataluña, y no me extraña.
¿A qué región de España corresponden esos números de revista cutre y borracha que ejecutaron anoche para celebrar algo tan histórico? No a Castilla, ni al Pais Vasco, ni a Asturias, ni a Cataluña desde luego. España nunca ha sido así, nunca había sido nuestro estilo, crean lo que crean los guiris. Y el estilo lo es todo, no solamente en el campo.
Qué poca clase, España.

sábado, 10 de julio de 2010

El largo y cálido fin de semana

No sé si será por el calor, pero me ha helado en mi vuelta a España esta especie de compás de espera que creo percibir por la calle, entre la gente. Hoy he salido a pasear y me he encontrado con que apenas hay movimiento, nervio.
Sospecho (por lo que viví en Arlés el jueves) que tras la explosión de júbilo que siguió al victorioso partido contra Alemania, tras el pase a la final y al comprensible estado de estupefacción que a la mañana siguiente debió acometer al españolito de a pie por un acontecimiento tan raro, el país se encuentra ahora entre atónito y expectante por la sola posibilidad de un triunfo así, contando las horas (27 exactamente para que empiece el partido). Ni siquiera se habla demasiado del asunto, de un asunto que todos andamos mascando (los futboleros, los anti-futboleros y aun un poco los a-futboleros).
Una ola de trascendencia parece haber barrido las calles, todos velando armas para librar mañana a las ocho y media la batalla final, cuarenta y seis millones de personas. Ni una bocina, ni una voz, ni un debate, todas las banderas quietas en los balcones bajo el sol aplastante de julio; apenas se leen noticias, opiniones o novedades en la prensa; apenas se habla en las radios. Un país entero confinado, echando una devota siesta de fin de semana, descansando para lo que se avecina.
Vamos, España.