miércoles, 17 de agosto de 2011

Recato

Resulta que voy a la cocina a ponerme un café y me encuentro allí con un compañero recién vuelto de las vacaciones. Mantengo con él una relación más estrecha de lo habitual aquí dentro (digamos por ilustrar que fui a su boda, que conozco a su hija de un año, que me cuenta algunas cosas más o menos domésticas y que compartimos lucha, es decir que tenemos enemigos comunes), así que nos saludamos, le doy una floja palmada en un hombro y, cumpliendo con el protocolo, le pregunto por las vacaciones. El, incómodo pero fiel al estilo, me responde que bien, que muy bien. Charlamos de la playa y el poco calor sin mirarnos a los ojos, evitando aproximarnos demasiado, mientras nos ajetreamos en torno a la cafetera y la leche en la nevera y el microondas, torpes y con un poco de prisa ya porque se caliente el café y poder volver cada cual a la paz de su sitio. Acabada la cuenta atrás suena la campana del microondas, que da por concluido el asalto. Entonces cada cual coge su taza y nos despedimos en la puerta intentando hacer algo así como un chiste.
Así de enrarecidas están mis relaciones en las últimas semanas.

Saludos,
(antes, mientras escribía, una compañera desplazaba en silencio el marcador del calendario de la pared, del 16 al 17 de agosto; no siento pena, ni siquiera angustia, por lo del paso del tiempo)

3 comentarios:

  1. Me gusta eso de "sin mirarnos a los ojos".
    Casi sin querer ver a la otra persona.

    Por mí, que arranquen las páginas hasta septiembre. Quiero frío ya.


    Un beso.

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  2. Pero por què estàs asì?

    La proximidad del otoño?

    Un abrazo.

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